¿Multitudes, seguidores o discípulos?
- Ruth N. Márquez Castro

- 11 mar
- 5 Min. de lectura
Hay momentos del año que naturalmente nos invitan a evaluar nuestra vida. Pensamos en metas, proyectos, decisiones y cambios que queremos hacer. Revisamos prioridades, ajustamos planes y soñamos con lo que quisiéramos ver en el futuro. Sin embargo, en medio de todas esas evaluaciones, hay una pregunta mucho más profunda que a veces dejamos de lado: ¿cómo está realmente mi compromiso con Dios?
Hace poco meditaba en un pasaje del evangelio de Marcos que me confrontó profundamente. El texto nos cuenta que una gran multitud seguía a Jesús porque habían escuchado acerca de las cosas que estaba haciendo y querían verlo de cerca (Marcos 3:7–8).
Más adelante, el mismo pasaje explica que Jesús llamó a algunos para que estuvieran con Él y luego enviarlos a anunciar su mensaje (Marcos 3:13–14). Al observar con atención esta escena, es posible notar algo interesante: no todas las personas que se acercaban a Jesús lo hacían de la misma manera. En el relato aparecen distintos tipos de personas que, de alguna forma, reflejan distintas maneras de relacionarse con Él.
Había multitudes que lo seguían de lejos. Había seguidores que caminaban un poco más cerca. Y estaban los discípulos, quienes respondieron a su llamado para caminar con Él de manera más comprometida. La pregunta inevitable al leer este pasaje es: ¿en cuál de estos grupos nos encontramos nosotros hoy?
CUANDO BUSCAMOS LO QUE JESÚS PUEDE DARNOS
Las multitudes seguían a Jesús porque habían escuchado acerca de los milagros que hacía. Su fama se había extendido por muchas regiones, y personas de distintos lugares llegaban con curiosidad, esperanza o necesidad. Algunos buscaban sanidad, otros una respuesta para sus problemas, y otros simplemente querían comprobar por sí mismos si todo lo que se decía acerca de Él era verdad.
Aunque todos se acercaban, no todos lo hacían con el mismo deseo. Muchas de esas personas estaban más interesadas en lo que Jesús podía hacer por ellas que en conocer realmente quién era Él.
En ese sentido, las multitudes representan una forma de acercarse a Jesús que sigue siendo muy común hoy. Es posible buscar a Dios cuando algo duele, cuando surge una crisis o cuando necesitamos una respuesta urgente. En esos momentos nos acercamos, oramos con intensidad y esperamos que Él intervenga en nuestra situación.
El problema no es acercarnos a Dios con nuestras necesidades, porque todos lo hacemos en algún momento. El problema surge cuando solo nos acercamos por lo que Él puede darnos, pero no cultivamos una relación con Él más allá de esas circunstancias. Las multitudes se acercaban, pero no permanecían. Buscaban lo que Jesús hacía, pero no necesariamente quién era Él.
CUANDO ESTAMOS CERCA, PERO AÚN NO DEL TODO COMPROMETIDOS
Un segundo grupo que aparece en los evangelios es el de los seguidores. Estas personas estaban un poco más cerca que las multitudes. Aparecen con mayor frecuencia acompañando a Jesús, escuchando sus enseñanzas y participando de su ministerio de alguna manera. Algunos incluso apoyaban su obra, ofrecían recursos o ayudaban en diferentes aspectos del ministerio. Sin embargo, aunque estaban cerca, su compromiso todavía no era tan profundo como el de los discípulos.
Es posible seguir a Jesús y aun así mantener cierta distancia interior. Podemos participar en actividades, asistir a reuniones o incluso servir en algunos espacios, pero todavía vivir una fe que depende de nuestro estado emocional, de nuestras prioridades del momento o de lo conveniente que resulte seguir adelante. Los seguidores están presentes, apoyan y a veces sirven, pero su relación con Jesús todavía no ha llegado al punto de una entrega completa.
CUANDO DECIDIMOS RESPONDER AL LLAMADO
El tercer grupo es el de los discípulos. El evangelio dice que Jesús llamó a algunos para que estuvieran con Él y luego enviarlos a anunciar su mensaje. Lo interesante es que los discípulos no eran personas extraordinarias. No eran los más preparados, ni los más estables emocionalmente, ni los que parecían tener más potencial para liderar algo grande. Eran hombres comunes, con historias, errores y debilidades como cualquier otro. Sin embargo, había algo que los distinguía del resto: estaban dispuestos a responder al llamado de Jesús.
Decidieron seguirlo aun sin tener claridad completa sobre lo que eso implicaría. Caminaron con Él, aprendieron de Él y permitieron que su vida fuera transformada en el proceso. Su disposición a permanecer cerca de Jesús fue lo que permitió que Dios hiciera cosas mucho más grandes de lo que ellos mismos podían imaginar.
EL LLAMADO COMIENZA CON PERMANECER
Cuando pensamos en el llamado de Dios para nuestra vida, muchas veces imaginamos algo relacionado con lo que debemos hacer. Queremos descubrir nuestro propósito, nuestro ministerio o la manera específica en que Dios quiere usarnos.
Sin embargo, el evangelio de Marcos presenta el llamado de una manera sorprendentemente simple: Jesús llamó a los discípulos primero para que estuvieran con Él.
Antes de enviarlos, antes de pedirles que sirvieran o antes de confiarles una misión, el primer llamado fue a la cercanía. Esta idea aparece nuevamente en las palabras de Jesús en Juan 15, cuando dice que quien permanece en Él dará mucho fruto, porque separados de Él no podemos hacer nada. Marcos lo describe como “estar con Él”, mientras que Juan lo explica como “permanecer en Él”, pero ambos textos apuntan a la misma verdad: la vida cristiana comienza con una relación viva y constante con Jesús.
EL COMPROMISO VERDADERO SE VE EN LA PERMANENCIA
Muchas veces pensamos que el compromiso con Dios se demuestra en momentos emocionales o en decisiones importantes que tomamos en determinados momentos de la vida. Sin embargo, el compromiso verdadero se revela principalmente en algo mucho más cotidiano: la decisión de permanecer.
Permanecer cuando es fácil y cuando no lo es. Permanecer cuando sentimos entusiasmo y cuando atravesamos temporadas más secas. Permanecer cuando entendemos lo que Dios está haciendo y también cuando no lo entendemos. Sin permanecer cerca de Jesús, cualquier llamado eventualmente se desgasta. Podemos tener talentos, ideas o buenas intenciones, pero el fruto verdadero solo nace cuando permanecemos conectados a la fuente.
UNA PREGUNTA PARA NUESTRO CORAZÓN
Al final, este pasaje nos deja con una pregunta muy personal: ¿en cuál de estos grupos me encuentro hoy?
Tal vez en algunos momentos nos parecemos a las multitudes, acercándonos a Jesús principalmente cuando necesitamos algo. En otras ocasiones podemos parecer seguidores que están cerca, pero todavía luchan con la profundidad de su compromiso.
Sin embargo, la invitación de Jesús sigue siendo la misma que hizo hace tantos años: caminar con Él y permanecer cerca de su presencia.
Tal vez hoy todavía no tengas claridad completa sobre el llamado específico que Dios tiene para tu vida. Pero sí puedes tomar una decisión importante: elegir cómo quieres relacionarte con Él a partir de hoy. Para algunos, permanecer significará volver a cultivar un tiempo diario con Dios. Para otros, implicará reconciliarse con Él después de haberse alejado. Para otros, quizás será decir “sí” a servir o decir “no” a algo que está ocupando el lugar que solo Dios debería tener. No será exactamente igual para todos, pero el compromiso siempre es personal.
Porque el llamado de Dios no comienza cuando descubrimos exactamente qué debemos hacer. El llamado comienza cuando decidimos permanecer cerca de Él.
Foto: "Noches de Chicas" (discipulado en La Antorcha)




Linda meditación🙏. Que hermoso es servir a un Dios tan poderoso y poder tenerle a nuestro lado dia y noche.